Aprueban proyecto de ley para modificar el feminicidio

Un proyecto de ley que busca ampliar los alcances del delito conocido como feminicidio, fue aprobado por la Comisión de Justicia del Congreso.  El proyecto de ley será debatido en el pleno del Congreso.  La primera modificación al delito sería la posibilidad de sancionar con cadena perpetua cuando el delito fuera cometido por familiares contra las mujeres.

Marisol Pérez Tello, la presidenta de la comisión, explicó que inicialmente el feminicidio se aplicaba cuando los delitos fueran cometidos por familiares o parejas, lo que calificó como “feminicidio íntimo”.  En el proyecto de ley se regula el feminicidio no íntimo, es decir sin importar la filiación o afinidad, sino sólo en base al género.  Pérez Tello dijo que los casos de trata de blancas se incluyen en la modificación, pues hay casos de mujeres que son asesinadas por los proxenetas.El delito de feminicidio es, actualmente, un simple rótulo para el delito de parricidio cuando la víctima es la cónyuge o conviviente o tiene otra relación similar con el agresor, pero no supone una pena distinta.

Artículo 107. Parricidio / Feminicidio

El que, a sabiendas, mata a su ascendiente, descendiente, natural o adoptivo, o a quien es o ha sido su cónyuge, su conviviente, o con quien esté sosteniendo o haya sostenido una relación análoga será reprimido con pena privativa de libertad no menor de quince años.

La pena privativa de libertad será no menor de veinticinco años, cuando concurran cualquiera de las circunstancias agravantes previstas en los numerales 1, 2, 3 y 4 del artículo 108.

Si la víctima del delito descrito es o ha sido la cónyuge o la conviviente del autor, o estuvo ligada a él por una relación análoga el delito tendrá el nombre de feminicidio.

Maltrato infantil y desarrollo neurológico

El maltrato infantil es tan antiguo como la humanidad misma. Muestras de ello son ejemplos que conocemos: en el siglo I de nuestra era, la matanza de los niños inocentes por Herodes en la búsqueda de Jesús; en nuestra cultura conocemos a “Juanita”, la momia de una adolescente hallada en las faldas del volcán Ampato, aparentemente sacrificada a los dioses.Ya Aristóteles decía: “un hijo o un esclavo son propiedad y nada de lo que se hace con la propiedad es injusto”, y ese sentido de propiedad que aún es entendido en nuestros días por muchos padres lo que los autoriza a tomar muchas decisiones con los hijos, incluyendo la forma de educarlos y disciplinarlos.
En 1959 la Asamblea General de las Naciones Unidas  adopta la Declaración sobre los derechos del Niño, y en noviembre de 1989 se establece la Convención sobre los Derechos del Niño, documento vinculante a los países firmantes dentro de los cuales se encuentra Perú, que en forma clara y explícita  obliga a los Estados a proteger a los menores de 18 años.En 1962 Henry Kempe reporta en su libro “The Battered child syndrome” casos de maltrato físico en niños,  al conocerse y publicitarse desencadena una serie de intervenciones en especial legales. En el 2000 otro investigador Martin Teicher a través de su artículo “Wounds that time won´t  heal. The neurobiology of child abuse”   (Heridas que el tiempo no cura – Neurobiología del maltrato infantil) y  posteriores,  presenta claras  evidencias con neuroimágenes, fruto de sus extensas investigaciones, de las consecuencias objetivas y palpables de las alteraciones funcionales y estructurales en el desarrollo neurológico del niño víctima de maltrato infantil.

Se define el Maltrato infantil como los actos o carencias que afectan gravemente el desarrollo físico, psicológico, afectivo y moral del niño o niña, ejecutados por los padres, cuidadores o personas adultas  alrededor de él o ella.
Se describen diversas formas de maltrato, como el físico, quizá el mas practicado y conocido, desde la etapa prenatal, cuando la madre toma o inhala sustancias tóxicas como alcohol, drogas, medicamentos sin control médico, y la etapa de la niñez a través del castigo físico de diferentes grados y formas: cachetadas, palizas, quemaduras, inmovilización forzada, etc. El maltrato psicológico, cuando tratamos a los niños de una forma ofensiva e inadecuada (gritos, insultos, burlas), pero que incluye además el ser testigo de violencia, se presenta cuando los niños presencian tratos o conductas violentas  entre sus padres, en su familia, en su barrio. Dentro de las formas modernas de maltrato psicológico está  el Bullying (maltrato por sus compañeros en el colegio), el cyberbullying (conocido en inglés como happy slapping, efectuado  a través de las redes sociales), el dating violence (el acoso entre parejas de adolescentes), grooming (acoso a menores de edad por adultos en la web).

El maltrato por negligencia o abandono, donde los niños no son atendidos en sus necesidades de protección, de salud, de educación, ejercido por los padres, las familias, o el ambiente social. Ejemplos son niños que no son enviados a la escuela, no tiene sus vacunaciones ni controles médicos, niños que trabajan, que mendigan.
Abuso sexual: para algunos la peor forma de maltrato, en un gran porcentaje este tipo de maltrato es realizado por personas del entorno familiar, es el que se origina al forzar al menor a conductas sexuales que pueden ir desde tocamientos a relaciones sexuales completas y violentas.

Estadísticas: Según cifras de UNICEF, solo 1 de cada 4 niños no es maltratado en América Latina. No existen cifras ciertas en nuestro país, en el mejor de los casos son datos fraccionados e incompletos.

Factores de riesgo para maltrato infantil son la violencia familiar, problemas de adicción entre los miembros de la familia, enfermedades mentales como depresión, y el mas importante de todos: la pobreza que reúne y concentra todos los factores de riesgo anteriores, sumándoles otros como la desnutrición, falta de acceso a servicios básicos como salud, educación de calidad, falta de trabajo y oportunidades.

Períodos críticos:

Sabemos en la actualidad que el desarrollo neurológico de cada ser humano se inicia en la concepción, y termina en la juventud, siendo los mas  importantes los primeros tres años de vida donde se establecen las bases estructurales del sistema nervioso que comandará la vida de cada persona.

Existen periodos críticos para el desarrollo de las diferentes estructuras neurológicas, es decir, espacios de tiempo en que si ocurren alteraciones las consecuencias serán mas notorias o graves. Estos períodos críticos se van conociendo gracias a los adelantos tecnológicos, que permiten ahora identificar claramente las regiones del sistema nervioso central afectadas o dañadas en relación con determinados hechos.

Sobre el desarrollo de cada persona influye la genética (la herencia que recibimos de nuestros padres), pero además la influencia del ambiente, se dice que las experiencias esculpen y moldean las infinitas conexiones neuronales, y son estas influencias importantes, y cuando son negativas, persistentes e  intensas dejan “heridas que el tiempo no cura”.
En el sistema nervioso central las estructuras responsables de nuestro estado emocional son la corteza cerebral especialmente la zona pre frontal, el hipocampo, lóbulo temporal, el cuerpo calloso, vermis cerebeloso, entre otras.
Durante nuestro desarrollo enfrentamos situaciones, que nos someten a diversos niveles de stress (tensión),  que los autores los describen como stress positivo, tolerable y tóxico.

El stress positivo es aquel que nos ayuda a crecer y desarrollarnos, un ejemplo de ello es el niño que está aprendiendo a caminar, tendrá algunas caídas y tropiezos, sin embargo será levantado, alentado y protegido por sus padres, de esta manera lo intentará una y otra vez hasta conseguir caminar independientemente. Si no tuviéramos este tipo de stress difícilmente avanzaríamos en la adquisición de logros en la vida.

Un segundo nivel es el llamado stress tolerable, que son aquellas situaciones desagradables, que con un soporte social o emocional adecuado, pueden transformarse en experiencias positivas. Ejemplo de ello puede ser el dolor al que exponemos a nuestros niños al someterlos al procedimiento de vacunación, que no podemos evitar, pero si ayudar. Sabemos que son experiencias dolorosas, pero que traerá un beneficio mayor para el niño, y se lo explicamos, lo consolamos, y finalmente lo superará.

EL tercer nivel, es el stress tóxico, experiencia negativa lo suficientemente intensa o de duración que trastoca el funcionamiento del cerebro deja secuelas. Este nivel de stress tóxico es alcanzado en situaciones de desastre,  guerra, y en situaciones de maltrato infantil. Cuando la persona es sometida a estos niveles de stress tóxico, necesita  un tratamiento que le ayude a superar los efectos.

Existen diferencias individuales en cuanto a las respuestas al stress, tanto por la edad, como por el género (generalmente las niñas son mas resilientes que los niños), pero también hay diferencias de acuerdo al tipo de maltrato, y experiencias previas.

¿Qué ocurre cuando nos sometemos a stress?

Cuando estamos sometidos a algún tipo de stress se activan respuesta a nivel sistema nervioso central, siendo las mas importantes dos: por un lado el sistema simpático que motiva la producción de adrenalina que es responsable de que se produzca taquicardia, vasoconstricción generalizada (es como un balde de agua fría que nos recorre) a fin de que la sangre llegue al cerebro y músculos, se erizan los cabellos, y nos prepara para un virtual ataque o huida. Por otro lado se activa el sistema límbico, incluidos el hipotálamo, hipófisis y glándulas suprarrenales, resultando en secreción de cortisol, cuyos efectos son mas bien internos, aumenta los niveles de glucosa, prepara nuestro sistema inmune, y pone en marcha la activación de una serie de centros nerviosos responsables de la toma de decisiones, experimentemos las diversas emociones como miedo, pánico, ira, etc.

En tanto el estímulo sea mas o menos intenso, o mas o menos duradero, se pondrán en marcha mecanismos inversos de normalización, o al contrario mecanismos de perpetuación que a su vez contribuirán a los efectos posteriores del stress.

Si los estímulos son de intensidad moderada pero persistentes,   o corta intensidad y muy intensos, las respuestas a su vez serán influenciadas por factores externos como son el soporte social y comunitario, el soporte familiar, la educación y otros para su resolución o perpetuación. También es cierto que factores individuales como la resiliencia (término que nos describe la capacidad de los individuos de sobreponerse a situaciones traumáticas o dolorosas), pueden ayudarnos a entender como sujetos bajo las mismas experiencias, desarrollándose en el mismo ambiente social, pueden alcanzar comportamientos adecuados cuando otros no los pueden desarrollar.

Los mecanismos de perpetuación de la respuesta al stress, explican por un lado conductas como la alerta permanente,  las personas están como esperando un evento, están permanentemente dispuestos a huir o a atacar en defensa. Pueden incluso interpretar inadecuadamente determinadas señales sociales como ver en una señal de abrazo un signo amenazante y responder con golpes o huir de quien pretende abrazarlo.

Por otro lado, existen una serie de eventos que se llevan a cabo en el propio sistema nervioso central, en especial del sistema en desarrollo en los niños. Ante el maltrato independiente de su forma (físico, psicológico, negligencia, violencia sexual), y de quien venga (padres, familiares, maestros, amigos, o extraños), la evolución normal del desarrollo se altera,  se verifica pérdida o muerte neuronal, retrasos en la mielinización cerebral, alteración en el establecimiento de sinapsis o persistencia patológica de algunas de ellas, todo lo cual dejará efectos evidenciables e irreversibles en la vida de estos niños, entre los que podemos enumerar déficit del desarrollo y diferenciación del hemisferio cerebral izquierdo, disminución de la integración hemisférica izquierda – derecha, irritabilidad del sistema límbico, y actividad anormal del vermis cerebeloso.

Consecuencias del maltrato: Las inmediatas y verificables en los niños son depresión, déficit de atención, conductas pseudoautistas, problemas en la integración de la información especialmente en el desarrollo del pensamiento abstracto, problemas de memoria, alteraciones del lenguaje, impulsividad, agresividad, falta de empatía, problemas de conductas, problemas en la toma de decisiones,  todo ello desembocarán en bajos logros académicos, fracaso escolar con la consecuente deserción y conductas de riesgo (inicio sexual precoz, adicciones, pandillaje, delincuencia).
Consecuencias en la vida futura del individuo:

Problemas de salud relacionados desencadenadas o influenciadas por stress son la obesidad, diabetes mellitus, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares, infecciones a repetición, enfermedades reumatológicas crónicas,  etc.

Alteraciones mentales: alteraciones de la personalidad (personalidades límite), depresión incluso con tendencias suicidas o suicidio.

Alteraciones sociales: conducta antisocial expresada en violencia, violencia sexual, delincuencia en todas sus facetas, indiferencia, falta de empatía.

Stress postraumático, que se refiere a volver a experimentar el evento traumático en la vida diaria o en sueños, las personas tratan de evitar las situaciones que les haga recordar el evento traumático, y sufren una serie de efectos como disminución del interés, restricción de sus emociones, sentimientos de desapego o extrañeza, dificultades en el sueño, ataques de angustia o irritabilidad, dificultad de concentración entre otros.
Período de latencia: se ha descrito en personas que experimentaron maltrato infantil, que no recibieron tratamiento, un período de su vida silente, en el que no expresaban ninguna alteración en su desarrollo. En promedio, luego de un periodo de aproximadamente 9 años, resurgían una serie de signos ligados al periodo traumático entre los que prevalecía la depresión.

Como vemos, las consecuencias del maltrato condicionan que el maltrato se perpetúe en el medio social, de hijos maltratados tendremos padres maltratadores, cerrando el círculo de violencia y todo lo que ello implica.

¿Qué hacer?

Prevenir. Es la mejor estrategia en salud pública, significa ir a la causa del problema y atacarlo en su origen.
El enfoque  ecológico integral, que va desde lo individual a lo interpersonal, a lo comunitario y social, que permitan a las personas alcanzar su desarrollo optimo desde las primeras etapas de su vida, una concepción saludable, embarazo protegido y atendido, los primeros años de vida con las condiciones optimas para lograr individuos con confianza en el futuro, con oportunidades, con redes sociales de apoyo, con valores que contribuyan al desarrollo armónico del individuo, familia y  la sociedad en su conjunto.

La protección de los niños, debe ser el motivo primero de todas las políticas sociales, económicas, del estado. Solo garantizaremos un real desarrollo del país, cuidando y protegiendo a nuestro capital humano los niños, cuyas necesidades deben estar por sobre otras consideraciones.

Virginia Garaycochea Cannon
Medico Pediatra

Unicef está preocupada por nueva norma peruana de violencia contra menores

Paul Martin, representante del organismo en el país, dijo que el nuevo Código de la Niñez y Adolescencia que prepara el Congreso ha omitido aspectos relevantes que vulneran la integridad de los infantes. Las mismas inquietudes han sido ratificadas por la Defensoría del Pueblo.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) expresó su preocupación por la normativa en el Perú sobre la violencia contra niños, niñas y adolescentes, dijo Paul Martin, representante de la organismo en el país.

“Tenemos la responsabilidad de advertir al Perú que de seguir con el proyecto tal como está generaría una crítica y recomendaciones de parte del aparato internacional. Y estas recomendaciones del Comité de los Derechos de la Infancia son legalmente vinculantes”, sostuvo.

Entre los principales puntos que preocupan a Unicef se encuentra la definición poco inclusiva de niño, en la que se deja de lado el concepto de niña. Además, no se especifica la prohibición de la violencia sexual y el castigo físico y humillante, se recorta su participación y opinión y se limita la información sexual y reproductiva de los adolescentes al permitirla solo bajo autorización de sus padres.

Martin dijo que el nuevo Código de la Niñez y Adolescencia que está preparando el Congreso ha omitido aspectos relevantes que vulneran la integridad de los menores.

“Contiene cambios que nos preocupan porque representan un retroceso sobre derechos acordados y existentes en el Código de la Infancia actual. Hay derechos iguales para todos, pero hay amenazas contra los derechos que son diferentes según género, y la ley de igualdad de oportunidades exige el uso de un lenguaje inclusivo”, indicó.

Según el funcionario, también es necesario especificar la violencia sexual en un país donde eso es una “plaga de primer grado”.

En tanto, las mismas inquietudes del organismo internacional han sido ratificadas por la Defensoría del Pueblo en una carta que ha enviado al presidente del Congreso, Víctor Isla, para que sean evaluadas.


Fuente: peru21.pe

El Plan Nacional de Igualdad de Género: ¿una verdadera política que apunta a eliminar las desigualdades entre hombres y mujeres?

El pasado 18 de agosto, por decreto supremo N° 004-2012-MIMP, se publicó el “Plan Nacional de Igualdad de Género 2012 – 2017″, política pública que persigue implementar lo dispuesto por la Ley de Igualdad de Oportunidades[1], cuyo objetivo es transversalizar el enfoque de género en las políticas públicas del Estado en sus tres niveles de gobierno. Este Plan, según su texto, busca: garantizar la igualdad y la efectiva protección de los derechos humanos para mujeres y hombres.

Sobre el punto surge la siguiente interrogante: ¿qué tan cierto es que este Plan trate de garantizar el derecho a la igualdad y no discriminación para todos y todas?

Si bien es la primera vez que tenemos un plan que enuncie la palabra género y que considere a la orientación sexual como una como categoría de reconocimiento de derechos, vale la pena hacer balance sobre los contenidos que este plantea, que, básicamente, son los lineamientos que el Estado se compromete a implementar al 2017 para avanzar en la eliminación de las asimetrías entre hombres y mujeres en el Perú. En el desarrollo de este artículo abordaré brevemente tres puntos: violencia hacia las mujeres, derechos sexuales y reproductivos y los aspectos concernientes a la diversidad sexual.

La violencia hacia las mujeres es uno de los resultados de la desigualdad de poder. El sexto objetivo estratégico[2] se plantea reducir la violencia de género en sus diferentes expresiones. Lo que llama la atención de este aspecto es la denominación y calificación de violencia severa, que bajo las consideraciones del mismo plan, refiere a aquella violencia física en la que se reporta que fue necesario ir a un servicio de salud[3]. Desde diferentes pronunciamientos de organismos internacionales, regionales y nacionales no se reconoce a la violencia severa como una categoría válida para medir la necesidad de la atención en salud. Todo lo contrario, es cada vez más necesario alejarse mediciones del daño que terminan por invisibilizar las múltiples afectaciones que la violencia puede causar en la salud de las mujeres, daño que no solo es físico, sino también sexual y sicológico y que requieren respuestas efectivas desde la prestación del servicio público.

También, otro de los retos para la eliminación de brechas de género, es la garantía real del ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos traducidos en el acceso a servicios de salud para las mujeres en todas sus etapas de vida. La reducción de la muerte materna y el embarazo no deseado de adolescentes se constituyen como retos prioritarios, cuyos puntos neurálgicos anclan en:

  • La aprobación del protocolo nacional de aborto terapeútico[4] demanda pendiente desde 1924, en el Plan, se compromete su aprobación para el 2017, cuando la gestión Humala deje el gobierno, mientras tanto, seguirán muriendo mujeres por falta de atención.
  • La meta planteada en el Plan para la reducción del embarazo en adolescentes se basa en el acceso a servicios, el cumplimiento de este objetivo implica necesariamente la reforma del marco legal restrictivo que aterriza en la despenalización de las relaciones consentidas entre adolescentes (Artículo 173 del Código Penal) y eliminar el condicionamiento de la atención al acompañamiento de padres, madres y tutores a los servicios[5] (Artículo 4 de la Ley General de Salud), estos puntos están ausentes en el texto del Plan.

Respecto a la consideración de la diversidad sexual en el contenido de Plan sólo se reconoce a la orientación sexual. Este extremo nos plantea, también, preocupaciones que demuestran una limitada comprensión de las expresiones de las sexualidades. Por consiguiente, el Plan deja de dar atención a un conjunto de personas que ven afectadas el reconocimiento de sus derechos, como son las personas trans, lo cual configura una violación del derecho a la igualdad y no discriminación.

 

Si bien hay avances respecto a la implementación de políticas que aborden la eliminación discriminación por orientación sexual, mecanismos para erradicar la violencia hacia las mujeres y garantizar el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, estos aspectos no han sido manejados adecuadamente en el Plan, ya que aún hay medidas y consideraciones que han quedado ausentes en esta política pública que busca generar igualdad.

 


[1] Ley N° 28983, publicada en el Diario Oficial El Peruano el 16 de marzo del 2007.

[2] El Plan tiene un objetivo general y 8 objetivos estratégicos.

[3] MINISTERIO DE LA MUJER Y POBLACIONES VULNERABLES. Plan Nacional de Igualdad de Género. 2012. pág 52.

[4] El artículo 119 del Código Penal Peruano establece que “no es punible el aborto practicado por un médico con el consentimiento de la mujer embarazada o de su representante legal, si lo tuviere, cuando es el único medio para salvar la vida de la gestante o para evitar en su salud un mal grave y permanente”.

[5] GRUPO DE TRABAJO PARA LA PREVENCIÓN DEL EMBARAZO ADOLESCENTE SEGUIMIENTO CONCERTADO .Mesa de Concertación de Lucha contra la Pobreza. Alerta N°01-2012-SC/PSMN.2012.pág 10.

Violaciones no tradicionales

“En la violación, el estándar masculino define un delito cometido contra las mujeres, y los estándares masculinos son utilizados no sólo para juzgar a los varones, sino también para juzgar la conducta de las mujeres que son víctimas”. La violencia sexual es una situación que lamentablemente se presenta como común en nuestro país, y guarda relación con los denominados roles sexuales como la alegada agresividad masculina y pasividad femenina, así como las concepciones culturales de la sexualidad, que se tornan más distantes según sea la perspectiva entre varones y mujeres.

Por ello cuando se habla de violencia sexual, se afecta la libertad sexual que poseen las personas en el ejercicio de su autonomía, en ese sentido se hace referencia al “(…) derecho de las mujeres a no verse involucradas sin su consentimiento en un contexto sexual” . Siendo para muchos operadores del Derecho un elemento trascendente “el consentimiento” y en virtud de ello se podrá decir si estamos ante una violación o una conducta no perseguible penalmente. En consecuencia, en la doctrina legal “(…) la violencia o grave amenaza son las formas de conducta que quiebran el consentimiento”  y es el elemento que permite decir que se está ante un caso de violación tradicional.

Ahora, ¿cómo se mide el nivel de violencia o grave amenaza para llegar a la conclusión que se trata de una violación “tradicional”? Para los operadores del derecho la respuesta a esta pregunta está en relación a la fuerza que se empleó y además la actitud que tuvo la víctima, por encima de la intención o accionar del presunto imputado. Es decir, “(…) mientras la atención está puesta en la víctima, el juicio sobre su conducta es enteramente masculino” , lo que traslada las sospechas sobre la agraviada.

Si lo mencionado líneas arriba resulta cuestionante, es aún más frustrante si la agresión sexual que una persona vivió no se considera una violación y por ende no puede obtener justicia. Para ejemplificar este tipo de situaciones podemos plantear el caso State vs Alson, plateado por Susan Estrich,  en el que el señor Alson y la víctima habían estado involucrados en una relación consensuada durante seis meses. Esta relación admitía la inclusión de “un poco de violencia” por parte del imputado y un poco de pasividad por parte de la víctima. En cuanto al sexo “con frecuencia, ella tenía relaciones sexuales con él sólo para complacerlo”. En esas ocasiones, ella se quedaba quieta y permanecía completamente pasiva mientras el acusado la desvestía y tenía relaciones sexuales con ella. Relación que término cuando, después de ser golpeada por el imputado, la víctima lo dejó y se mudó con su madre.

Un mes más tarde, el imputado fue a la escuela a la que asistía la víctima, la intercepto en el camino, le exigió saber dónde estaba viviendo, y como ella se negó, la agarró del brazo y le ordenó que fuera con él. Ella le dijo que caminaría con él si la soltaba. Entonces caminaron alrededor de la escuela y hablaron de su relación. En un momento, él le dijo que iba a “darle una trompada”; cuando ella dijo que la relación había terminado, el imputado declaro que él tenía derecho de tener sexo con ella una vez más. Ambos fueron a la casa de un amigo. Él le pregunto si estaba preparada, y la víctima le dijo que ella no quería tener relaciones sexuales con él. El imputado la levanto de la silla, la desvistió, abrió sus piernas y la penetro. Ella lloró.

El acusado en primera instancia fue condenado, pero dicho fallo fue revocado tras una apelación bajo el argumento que la víctima no se había “resistido”, físicamente al  menos, y la fuerza utilizada fuera de la escuela y las amenazas durante la caminata “a pesar de que pudieran haber producido miedo” no guardaban relación con el acto sexual en sí. Sin embargo; esta sentencia no toma en consideración que para una víctima de violación, y concordamos con Ramirez Huaroto quien menciona que; la “rendición de lo corporal (…) se valora como lo más viable de ser entregado, como una estrategia de resistencia” .

En el caso presentado por Susan Estrich “se evalúa la violencia desde un punto de vista cuantitativo y, según este, lógicamente una bofetada no sería suficiente para doblegar la voluntad de la víctima” . Es más muchas veces a nivel doctrinario se exige que tal violencia además de ser suficiente sea continua y tendrá que seguir ejerciéndose sobre la víctima hasta que se consuma el acto sexual.  Esas interpretaciones cuantitativas sobre la violencia “resultan no sólo restrictivas y peligrosas para una protección penal eficaz de la víctima – mujer, sino claramente ilegales” . Ello es así porque la consecuencia lógica de esta perspectiva supone “(…) la exigencia de una resistencia continuada por parte de la víctima a efecto de verificar su no consentimiento en la relación sexual” .

Contrariamente a esas posiciones la violencia debe analizarse desde una perspectiva cualitativa, cuyo análisis sólo será posible teniendo en cuenta todas las circunstancias objetivas y subjetivas que rodean el hecho. En tal sentido, la resistencia no debe ser un elemento calificante para  determinación de si estamos ante un caso de violación sexual, pues ello supondría la exigencia de conductas heroicas de las víctimas y su cese o inexistente resistencia no da lugar a forma alguna de consentimiento.

Asimismo existe en la doctrina avances en materia de delitos contra la libertad sexual y de conformidad con el Acuerdo Plenario N° 3-2011/CJ-116 emitido por la Corte Suprema de Justicia, cuyo fundamento jurídico número 19° señala que: “(…) el juzgador debe analizar con precisión la conducta objetiva y subjetiva del agente, incidiendo predominantemente en la finalidad perseguida, así como en el modus operandi y los antecedentes del imputado, para en base a tales circunstancias o indicadores, calificar adecuadamente” .

Finalmente; si bien es cierto el mencionado acuerdo plenario abona en la reformulación de criterios a emplear por parte de los operadores del derecho; en la medida que es vinculante a todas las instancias judiciales y está orientado a concordar la jurisprudencia penal. Aún se requiere un viraje de cómo se evalúan a nivel de las y los operadores del derecho los casos de violaciones sexuales por lo que resulta una opción que se analice el aspecto subjetivo del presunto responsable, y que cuando éste no puedan advertir que la mujer no consentía las relaciones sexuales, se indague sobre si el imputado creía razonablemente o no que la víctima estaba consintiendo. Con ello, la atención se centraría en la conducta de los agresores y se lograría obtener sentencias justas para las mujeres que son víctimas de violaciones tradicionales y no tradicionales.


 

Felicita Cayhualla Quihui
Bachiller en Derecho, adjunta de docencia del Seminario de Integración de Teoría General del Derecho de la Dra. Marisol Fernández Revoredo.

Todas las niñas del Perú

Y es que una quiere que su hija o hijo sea feliz, que los traumas y fantasmas no rocen sus vidas.  Una quiere creer eso y también quiere imaginar que logrará (dentro de limites racionales) evitar vivencias que enloden su inocencia.  ¿Cuan conscientes hay que ser todo el tiempo de todo y todos para lograrlo?

Yo cargo con mi hija por el mundo, no confío en nadie. Sé que corre mas peligro en casa de alguna amiguita o de un tío que en un centro comercial, lo sé porque la estadística lo muestra y porque los relatos a media voz entre amigas lo confirman.

Diré algo simple: no quiero que violen a mi hija, ni la toquen o le digan cochinadas en la calle, me hice el firme propósito de protegerla al menos de las dos primeras. Por pura intuición creo que para esto tengo que explicarle (tal vez demasiado pronto) lo que le puede pasar y cómo protegerse; también intento dentro de todo no asustarla de los hombres que en un futuro (no todo lo lejano que su papa querría) llegarán.  Al mismo tiempo debo intentar que las compañeritas que ya hablan de chicos, besos y enamorados (a los ocho años) no la influyan lo suficiente como para que ella pierda las ganas de jugar en su club de Lulu a la ronda y a las muñecas.

Es injusto, a las ya recargadas tareas de la maternidad y el trabajo se debe agregar una vigilancia cotidiana porque andamos a oscuras las madres tratando de guiar a nuestras hijas por una vida donde se valora su autonomía cada vez más, pero donde son tan vulnerables con cada paso lejos de nuestra mirada.

Y en ese proceso, donde cada tío, amigo, profesor, jardinero y un largo etc., podría ser un potencial victimario (porque para mi el propósito de protegerla ha pasado por mantener ciertas reglas que no se rompen ni con el mejor amigo) una se da cuenta que algo muy terrible pasa a puertas cerradas en miles de miles de hogares de nuestro país para haber construido esta estadística grotesca donde solo las denuncias anuales por violación bordean los 7000 casos… y aunque no hay estudios nacionales concluyentes,  algunas mediciones señalan que uno de cada diez escolares ha sido abusado sexualmente, eso significa más de 282 mil niños y niñas en el Perú.

Y cuando se me escarapela en cuerpo imaginando esa cifra macabra de niños y niñas, pensando que hay realidades mucho más dramáticas en algunas regiones del país, donde el cuerpo de las niñas es moneda de cambio en familias con economías precarias que han visto cómo su tierra, su agua, sus árboles y también sus mujeres son objeto de la explotación voraz, entonces pienso que no puede ser que la vida me alcance solamente para proteger a mi hijita, mi pequeña hijita, tan hermosa, con tanto amor por vivir, con tantas risas y besos que dar igual a las miles de niñas condenadas a ser violadas hoy o mañana, todas de ocho años, todas lindas, todas dignas de proteger.

Fuente: promsex.org

“El Feminicidio no está desconectado de los ejercicios de violencia regulares contra las mujeres”

El Perú encierra una sociedad machista todavía, ¿esto contribuye a actos de agresión hacia la mujer?
Sin duda. Existen complejas estructuras de dominación masculina que explican estos fenómenos. No solo el feminicidio, sino la violencia contra la mujer (aquí y en todo el mundo) es indisociable de mecanismos de socialización sostenidos en el género. Sin embargo, tanto en sociología como en criminología (no olvidemos que el feminicidio es un hecho criminal) casi ningún fenómeno es reductible a una sola causa. Por eso hace tiempo creo que para comprenderlo hay que ir un poquito más allá de los estudios de género.

¿Para usted cuál es el principal móvil en este tipo de crímenes?
Los celos de los varones y la resistencia de las mujeres para continuar la relación son la figura recurrente en el feminicidio. Esta parte de tu pregunta es muy interesante, porque si te das cuenta, este patrón regular de celos y resistencias, al igual que la estructura de  dominación masculina que los sostiene, se repite en otros casos de violencia contra la mujer, en otros casos de violencia doméstica e, incluso, en casi todas las relaciones de pareja. Entonces ahí aparece una pregunta: ¿porqué en algunos casos las matan y en otros no?  Eso nos debe lleva a pensar en una masa crítica de factores criminológicos  que explican no tanto el feminicidio, sino su contexto de producción.

¿Qué rol debe cumplir el Estado en esta materia?
El Ministerio Público, a través de su Observatorio de Criminalidad, debería afinar sus mecanismos de monitoreo y medición: las cifras de homicidios que manejan no se corresponde con el total que maneja la Policía, que es mucho más; por ello es presumible que la cifra de feminicidios que arrojan esté algo subestimada. Y luego se debe continuar con los esfuerzos en mejorar los sistemas de recepción de  denuncias en las comisarías, hacer que los procesos de medicina legal aplicados a las víctimas mujeres de tentativas de feminicidio y de violencia en general no sean un verdadero suplicio. Y, finalmente, vuelvo al argumento anterior, el feminicidio no está desconectado de las otras formas de violencia doméstica; por ende, controlando la violencia doméstica, concentrando los esfuerzos en esta última,  probablemente la incidencia será mucho más baja de lo que ya es.

¿Cuál es el perfil del agresor?
No hay un perfil ni de las víctimas ni de los victimarios y, por supuesto, sería un gran aporte tener uno. La información pública disponible se ha centrado en la relación de la víctima con el victimario. Lo relevante es que la mayoría de victimarios eran personas conocidas por las víctimas. Y precisamente eso es lo que los últimos estudios destacan contra muchos sentidos comunes: el peligro real está más dentro de  las casas, no afuera.

¿Qué rol debería cumplir la prensa en este caso?
La prensa va a seguir haciendo lo que tiene que hacer. Son crímenes que venden por su espectacularidad y,por lo tanto, son objeto de tratamiento sensacionalista. No es casualidad la existencia de páginas policiales desde hace muchos años y en casi todos los diarios del mundo. El problema es que el tratamiento mediático que recibe actualmente ha desviado la atención sobre otros fenómenos mucho más extendidos y regulares, y en los cuales las mujeres también son las principales víctimas, como son las violaciones sexuales.

Fuente: puntoedu.pucp.edu.pe

¿Una agresión puede detonar futuros actos feminicidas?
El feminicidio no está desconectado de los ejercicios de violencia regulares contra las mujeres. De hecho, en al menos 40% de los casos reportados por el Ministerio Público, las víctimas habían denunciado a la Policía maltratos físicos y psicológicos. Eso es señal de que algo anda muy mal en la protección de esas víctimas.

Cuatro de cada diez mujeres en el Perú han sido agredidas por sus parejas

Según el Programa Nacional Contra la Violencia Familiar y Sexual (PNCVFS) del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMDES), durante el 2011 se han registrado 93 feminicidios y 66 tentativas. Vale decir, 159 mujeres perdieron la vida (o estuvieron a punto de hacerlo) en manos del hombre con quien compartían el lecho y a quien amaban.

En estado de ebriedad, Jimmy Flores agredió salvajemente a su pareja de 21 años: La tumbó al piso, le jaló los cabellos, le propinó patadas y puñetes en todo el cuerpo y con una botella rota cortó su rostro. No era la primera vez que la golpeaba: en cuatro meses de relación, recibió tres ataques similares. La joven llegó a poner una demanda contra Flores, quien pidió que la retirara porque iba a perjudicarlo en su trabajo. Ella accedió.

“Creo que la forma más precisa de definir el feminicidio es como el asesinato de una mujer por género. Este hecho –que se ubica en el nivel más intenso de violencia- se enmarca en una dinámica relacional donde el hombre ejerce poder y control sobre la mujer, quien es discriminada y humillada al ser considerada un ser inferior”, afirma Doris Argumedo, docente del Departamento de Psicología de la PUCP. Según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), 4 de cada 10 mujeres en el Perú han sido agredidas por sus parejas. De acuerdo al Resumen de Feminicidio del PNCVFS 2011, proceden en su mayoría de Lima, Arequipa, Ancash y Junín, tienen entre 26 y 35 años y son madres de 1 a 3 hijos.

Pero si hay algo que llama la atención al revisar las estadísticas vinculadas al tema es que el 80% de víctimas de feminicidio fueron víctimas de actos de violencia previos. ¿Por qué siguen junto al agresor? “El cambio de comportamiento es un proceso complejo no lineal, tenemos idas y venidas de aprendizajes y ensayos. ¿Cuántas veces uno intenta de dejar de fumar o de bajar de peso sin éxito? Para mí, el objetivo final no es que termine con la pareja. Hay una serie de cambios trascendentes, nucleares y estructurales que la mujer debe lograr en relación consigo misma y en su dinámica relacional con el otro y frente al mundo, antes de poder asumir romper con todo aquello que era el núcleo de su vida”, argumenta la psicóloga.

A nivel nacional, existen 150 Centros de Emergencia Mujer (CEM), servicio público gratuito del MIMDES que brinda orientación legaldefensa judicial y consejería psicológica a las víctimas de violencia familiar. Según Argumedo, la mujer que acude a un CEM busca ayuda para mejorar su relación y modificar el comportamiento violento de su pareja, y no tiene pensado denunciarlo o separarse de él. Por ello, considera que los CEM deberían dejar ejercer el derecho libre a la denuncia y no imponerla como requisito para brindar la ayuda solicitada: “Las mujeres víctimas tienen que romper con una serie de esquemas que son claves para la construcción de su identidad; han soñado con ser madres y ser esposas y ahora les dicen que tienen que dejar de serlo y que tienen que hacerse cargo de sus hijos de manera independiente, autónoma y en soledad. ¿Quién la ayuda durante este proceso?”.

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La bailarina Lady Guillén calló durante un año las agresiones sistemáticas de Ronny García (inclusive, en más de una ocasión salió a desmentirlas ante las cámaras de TV). Pero una noche, tras un feroz ataque, venció la vergüenza y rompió su silencio. Años atrás las ex parejas de García, Fanny Alache y Silvia Castro, también lo denunciaron por agresión. A las tres les rompió la nariz, les desfiguró el rostro y las mordió. Con total cinismo, Ronny negó todos los cargos en su contra y argumentó que por despecho, sus ex armaron un complot en su contra para arruinarle la vida.

¿Cuál es el perfil del atacante? De acuerdo a la misma fuente, el 50% han sido parejas de la víctima (enamorado, esposo, conviviente) y el 20% ex parejas. Los móviles del crimen suelen ser los celos (38%), el final de la relación (12%), la negativa a ser pareja (10%) o una supuesta infidelidad de la víctima (8%). Las modalidades de violencia feminicida favoritos son la asfixia, el acuchillamiento, los golpes y los disparos.

Pero, ¿qué los lleva a actuar de una manera tan violenta? “Es muy natural que en nuestro contexto, los hombres resuelvan los conflictos ejerciendo la agresión. ¿Quién les ofrece como herramienta de resolución de conflictos la palabra? Además, es tal la cosificación de la mujer en las dinámicas del ejercicio de poder, que existe la idea que ella es de su propiedad: o le pertenece a él o no le pertenece a nadie”, sentencia la psicóloga.

Para ella, un gran problema es que estos casos no se analizan de manera conjunta: “Me parece una discriminacióndejar a los agresores de lado, creo que todo programa nacional de violencia debería brindar apoyo tanto a los agresores como a las víctimas. Existe un único programa para hombres que quieren dejar la violencia que es totalmente voluntario, que sobrevive con la buena voluntad de la gente y no tiene financiamiento”.

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Alicia Quispe sigue viva de milagro. Las dos balas que le disparó Gerardo Galarza, padre de sus tres hijos y su conviviente durante 25 años, se alojaron en el tejido adiposo de sus hombros, sin dañar órganos vitales. Y todo porque una noche Alicia no le pasó la frazada que él había solicitado. Cegado por la furia, Gerardo le apuntó al cuello y la espalda y al ver que no había conseguido matarla, le golpeó con la cacha del arma hasta cansarse para luego huir. Gracias a la ayuda de sus vecinos, Alicia pudo recibir atención médica oportuna. Después de cinco denuncias y cero detenciones, ahora solo quiere que la justicia por fin se encargue de él.

El Código Penal tipifica al feminicidio como un delito de género y está penado con 15 años de cárcel o 25 si es que se presentan agravantes. Si bien es cierto que las políticas públicas vinculadas a la violencia contra la mujer han ido mejorando con el transcurso de los años, aún existe una distancia entre el discurso y la acción: “De lo que se trata es de la construcción de un discurso que ponga sobre todo el respeto al otro, en independencia de raza, edad, género, etnia. Estamos muy lejos como nación y como comunidad de lograr esto. La violencia está tan institucionalizada y naturalizada que atraviesa a todo nuestro sistema”, dice Argumedo.

Por otro lado, sigue entendiéndose este problema como un tema que pertenece a la esfera íntima, un “problema de pareja” en el que nadie debe meterse. “El feminicidio no es un problema de la mujer ni del hogar ni de las parejas, sino de salud pública que impide el desarrollo integral de las personas, de las familias, de las comunidades y del país. No hay que entenderlo como privado, todos somos responsables”.

Fuente: puntoedu.pucp.edu.pe

La violencia sexual es la evidencia mas extrema de la inequidad de género

En el Peru cada año se reportan más de 6,500  denuncias de violación sexual perpetradas a niños, niñas, adolescentes, hombres y mujeres.  Esta cifra nos coloca en el lugar 16 de los países con mas denuncias por violencia sexual (22.40 x cada 100,00 habitantes) por encima del Salvador que tiene 18.70 x 100,000 habitantes y México, 13.22 x 100,000 habitantes, ambos caracterizado por la presencia de altos índices de violencia organizada.

La violencia sexual afecta principalmente a mujeres y aunque la mayoría de las victimas son niñas y adolescentes los otros grupos de edad no están libres. Así tenemos que entre las víctimas pueden haber mujeres adultas, profesionales, amas de casa, campesinas, casadas, adultas mayores y también mujeres culturales y de la diversidad sexual, como mujeres trans y lesbianas.
Si bien la violencia sexual es la evidencia mas extrema de la inequidad de género y esta reconocida como un crimen en la mayoría de nuestras países, todavía suele verse con tolerancia, es más, con frecuencia se admiten argumentos de justificación: la sujeción “amorosa”, como mecanismo para reafirmar la feminidad y “curar” cualquier “desviación”, castigo por salir sola de noche o usar vestido corto, el mal “comportamiento” de la pareja o el creer que un “no” es un “si”, son parte de los sobre-entendidos que hacen tan extensivo este crimen.

Según  Naciones Unidas “Todo acto o  tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o  las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona  mediante coacción (imposición) por otra persona, independientemente de la relación de ésta  con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo” es la manera como se entiende la violencia sexual, pero no hay que olvidarnos que también hay otros patrones tal vez mas cotidianos y que no dejan de ser lesivos a nuestra integridad: insulto que algunos definen como piropos, manos furtivas que se deslizan bajo la ropa de niños y niñas, los roces disimulados de un perpetrador, las “caricias” que generan incomodidad, o un examen médico que no respeta la intimidad o el pudor de las personas. Estos hechos pueden ocurrir en cualquier parte; en la casa, en la escuela, en el bus, en una calle llena o solitaria o en un consultorio médico, de allí que su reconocimiento y tipificación sea fundamental para el develamiento y la denuncia.

Y en este proceso no podemos dejar de hablar de otra clase de victimas, de aquellas que están en cautiverio y que por su pobreza, indefensión  y/o secuestro literal no pueden escapar y que son vendidas, vejadas, esclavizadas – en algunos casos-  por aquellos que deberían protegerlas como sus propios familiares o por delincuentes que trafican con personas. Lamentablemente esto no es ajeno a nuestro país y el hecho se produce justamente en donde el Estado no está presente o simplemente a dejado al perverso mercado de la informalidad, la precariedad y de la delincuencia el destino de miles de personas, tal como viene ocurriendo en algunas zonas de explotación minera o maderera e incluso turística.

Es por eso que para PROMSEX, el tema de la violencia sexual no puede pasar desapercibido y nos sumamos al compromiso de incrementar la conciencia de que nadie debe ser amenazado ni violentado en su integridad, dignidad y pudor,  y que la ofensa sexual es,  en realidad, una ofensa a la vida misma PROMSEX pone a su disposición esta página especializada en violencia sexual, a través de la cual alcanzaremos al publico en general, pero también a quienes vienen luchando en contra de este fenómeno desde sus distintas disciplinas información, materiales y recurso, que esperamos puedan contribuir a una mayor conocimiento y sobre todo, al desarrollo de iniciativas eficaces que apunten a la erradicación de la violencia sexual.

 

Susana Chavez
PROMSEX

Violencia contra las Mujeres: El Principal Problema de las Peruanas

La violencia de género contra la mujer es una vulneración a los derechos humanos, expresión del poder, dominio y control que se ejerce sobre sus cuerpos y vidas; como tal restringe el goce de derechos como la igualdad, la libertad, la autonomía y la integridad, entre otros. Pero además de la violencia directa, en el contexto de las relaciones familiares e interpersonales, también está la violencia de la política, la de los símbolos culturales y la de las condiciones económicas.

Esta violencia contra la mujer se expresa a través de cualquier acción u omisión intencional que la dañe o pueda dañarla porque se desvía de los estereotipos socialmente construidos, y aparece como consecuencia de la jerarquización y desigualdad entre lo masculino y lo femenino . Es decir, se trata de una violencia ideológica, arraigada en la cultura y sexualizada, o que se ejerce contra la víctima principalmente por ser mujer, con el fin y el resultado de disciplinarla, perpetuar su supuesta inferioridad y limitar su derecho a decidir sobre su propio cuerpo, sus bienes y sus planes de vida.

Percepción pública del problema
Para más de la mitad de los y las encuestadas el problema principal de la mujer en el Perú es la violencia física, dándose la percepción más alta en la ciudad de Pucallpa (60%). El segundo problema es la violencia psicológica, seguida de los embarazos no deseados, el acoso y la violencia sexual. Todas ellas expresiones de la cultura de la disponibilidad masculina sobre el cuerpo, el deseo y la voluntad femenina.

¿Cuáles son los tres principales problemas de la mujer peruana?

Según datos de las Encuestas Nacionales de Demografía y de Salud (ENDES 2010), la prevalencia de la violencia física y psicológica en el país, pese a la existencia de leyes especiales y de un Programa Nacional contra la Violencia Familiar y Sexual, ha disminuido en los últimos diez años en apenas 2.8 puntos porcentuales, manteniéndose con valores elevados:

Violencia física y psicológica hacia las mujeres ejercida por el cónyuge/compañero

¿Conoce usted a alguna mujer que haya sido víctima de maltrato… por parte de su pareja? (%)

El 87% de las y los encuestados en estas ciudades considera que no hay ninguna razón que justifique la violencia contra las mujeres, aún así un 10% todavía opina que sí; siendo considerablemente alto en Ayacucho (20%). Entre las razones señaladas se menciona mayoritariamente el comportamiento de las mujeres (87%) y la infi delidad (58%), además de no cumplir con su rol de madres, ser conflictivas/histéricas, alcohólicas, entre otras.

¿Por qué creen que la mujeres toleran situaciones de violencia por parte de su pareja? (%)

En cuanto a la violencia sexual, según datos de la ENDES 2010, el 7,8% de las mujeres alguna vez unidas declararon que su esposo o compañero las obligaron a tener relaciones sexuales en contra de su voluntad; el 4,6% que las obligaron a realizar actos sexuales que ellas no aprobaban, lo que guarda relación con el discurso de los varones: el 20% de ellos considera que en caso de que la mujer rehusara tener relaciones sexuales con el marido, el hombre tiene derecho de molestarse.

La situación se agrava si se considera que las mujeres peruanas ya no pueden acceder a la anticoncepción oral de emergencia de manera gratuita en los servicios de salud del Estado, sino que deben comprarla; en ese mismo sentido es necesario considerar que el aborto en caso de violación sigue estando está penalizado, aunque más del 50% de los y las encuestadas en Lima y Ayacucho considera que debería permitirse.

¿Debería permitirse el aborto en casos de violación sexual?

¿Qué piensa que se debe hacer o cambiar para erradicar la violencia? (%)

Acceso a la justicia

La realización del derecho a acceder a la justicia no se agota en la creación de la norma. Para que el sistema opere se requiere de la denuncia. Según datos de la encuesta el 84% afirma que una mujer maltratada siempre debe denunciar a su maltratador. La ciudad de Huamanga (Ayacucho) es la que en mayor porcentaje (24%) considera que la formulación de la denuncia dependería de la gravedad del maltrato, es decir, que no todo hecho de violencia sería denunciable.

Sin embargo, son las mujeres quienes en un abrumador 89% consideran que siempre se debe denunciar. Esto constituye una importante oportunidad para mejorar la oferta de servicios de las instituciones que intervienen y lograr que el sistema responda oportuna y adecuadamente, evitando que la denuncia se convierta en un factor de riesgo adicional.

¿Cree que una mujer que ha sido maltrata debe denunciar a su maltratador?

¿Conoce a qué lugares deben acudir las víctimas de violencia física, psicológica o sexual?

En el caso de los servicios de salud, el bajo reconocimiento podría deberse a que no se trata precisamente de un espacio de denuncia, sino más bien de la atención para la recuperación o acreditación de los daños en la salud física y/o mental necesarios para proseguir una acción legal. Si bien la evaluación y expedición de los certificados médicos es gratuita , la atención y recuperación de la salud no está garantizada a través del Seguro Integral de Salud (SIS), ni del sistema de salud en general.

En cuanto a las percepciones sobre las principales razones por las cuales las mujeres tolerarían la violencia, llama la atención los altos porcentajes que en las ciudades de Huamanga (62%) y Pucallpa (63%) aluden a las/os hijos; mientras que los motivos económicos (56%), la baja autoestima (56%) y la esperanza de cambio (31%), son marcadamente más altos en Lima:

Razones por las cuales se tolera la violencia

Estas razones tienen como base representaciones culturales de la femineidad, como la dependencia, la escasa autonomía económica, la tolerancia y aguante de las mujeres para que la relación de pareja perdure evitando la soledad como “incomplitud”; además de la desconfianza en la administración del sistema de justicia. Estas representaciones de la desigualdad y las condiciones en las que viven las mujeres (brecha salarial de género, ausencia de programas de inversión productiva y empleo), son el caldo de cultivo sobre el que germina la violencia.

Nada que no se pueda revertir con decisión política, asignación de recursos, campañas de prevención e información y sanción efectiva a los agresores. Al respecto el 55% de las y los entrevistados considera que para erradicar la violencia es fundamental trabajar campañas de difusión en los medios de comunicación nacional, reforzar en las niñas y niños el respeto por todas las personas (52%) y mejorar las leyes sobre violencia (52%).

Es importante mencionar que las mujeres de las zonas urbanas cuentan con algunos servicios de atención y protección especializada frente a la violencia, pero son las mujeres de las zonas rurales y de las comunidades andinas y amazónicas las que llevan la peor parte ya que deben enfrentar la violencia de género con leyes que responden a una lógica e institucionalidad urbana. Deben además vencer las barreras geográficas y el racismo, comunicarse en una lengua que no es la propia, carentes de redes de influencia y de recursos para contratar una defensa especializada y movilizarse. Así, el problema de acceso a la justicia de la población indígena femenina no radicaría solamente en las barreras nombradas sino también en la existencia de problemas de discriminación de género que atraviesan tanto el sistema estatal como el comunitario.

La sanción

Desde 1993 la legislación peruana cuenta con una ley especial de protección frente a la violencia familiar, la ley 26260; sin embargo, las conductas descritas en esta norma no constituyen por sí mismas fi guras penales o delitos, por lo que solo es posible lograr una sanción efectiva que contemple la pena privativa de la libertad en aquellos casos en que los actos de violencia constituyen el delito de lesiones; de allí el limitado acceso a la justicia, incluso para las víctimas cuyas denuncias no llegan a constituir un delito y son procesadas como faltas. En este último caso, el Informe Defensorial 95, señala que sólo el 6% de los casos de violencia familiar investigados en los juzgados de paz concluye con un fallo condenatorio.

Frente a la impunidad que genera el sistema, el 57% del total de las y los entrevistados considera que los agresores deben ir a la cárcel. Sin embargo, en el caso de las mujeres, las principales víctimas de la violencia, un abrumador 73% considera que así debe ser siempre; y solo para un 23% de mujeres ello dependería de la gravedad del maltrato.

En su opinión, ¿las personas que maltratan físicamente a una mujer deben ir a la cárcel? (%)

http://www.malostratos.org/images/pdf/valencia%20costes%20violencia%20genero.pdf  Visitado: 26.10.10

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